Hace años, cuando aún era más chica, tuve que recitar el siguiente poema de Garcilaso de la Vega. La profesora, para animarme a que le pusiera sentimiento, me decía que imaginara que me encontraba ante la persona de la que estuviera enamorada y dejara abiertas las puertas del corazón, así brotarían sin ninguna dificultad los versos y podría comprender el verdadero sentido de la poesía. Me costó mucho comprender aquella relación y estaba claro que para poder recitar poesía hay que estar enamorada. Si hoy tuviera que volver a recitarlo, no habría dudas, la profesora me pondría un diez puesto que no me sería dificil imaginar que se lo recito a la persona adecuada. Te lo dedico a ti, mi meloncito aunque seguro que como siempre habrá versos que no entiendas. Te quiero.
SONETO XXIII
En tanto que de rosa y d’azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
y en tanto que’l cabello, que’n la vena
del oro s’escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que’l tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre